miércoles, 1 de diciembre de 2010

LA NAVIDAD

La navidad no sólo es fiesta, alegría y felicidad, también tiene que ser un buen momento para reflexionar sobre nuestro espíritu y ver cómo estamos encaminados hacia la paz interior. Muchas veces olvidamos que la navidad es también una buena oportunidad para reencontrarnos con Dios de la mano de su hijo, Jesús.


Me gustaría no solo alentarles a que ofrenden unos minutos de su tiempo en la cena de navidad, sino que eleven sus oraciones más profundas a Jesús para que interceda por todos ustedes y sus seres queridos ante Dios y trate de llenarlos de toda la paz que él nos puede regalar.

Debemos recordar que para el catolicismo la Navidad no solo es un día de fiesta, como ya lo he mencionado, sino una temporada de reflexión, y de la misma forma que la Pascua, contiene un tiempo de preparación, llamado Adviento, que inicia cuatro domingos antes del 25 de diciembre.

Es costumbre que se celebren varias misas en Navidad, con distinto contenido según su horario. Así, la noche anterior (Nochebuena) aunque sea domingo, se reza la famosa Misa de Gallo o Misa de Medianoche; en algunos lugares hay incluso una Misa de la Aurora que se celebra precisamente al amanecer del 25 de diciembre. Y la Misa de Mediodía, en la que es costumbre que antes o después de ella, el Papa dé un mensaje de Navidad a todos los fieles del mundo, este mensaje es conocido como Urbi et Orbi (en latín: a la Ciudad de Roma y al Mundo).

Para inspirar nuestras almas de la mejor energía posible, he elaborado una Oracion espero que éste año 2010 les haya dejado ricos legados y además que comiencen el venidero año mejor aún con un espíritu positivo lleno de paz y amor.




                            

                                       Oración de Navidad



Señor, Dios, dueño del tiempo y de la eternidad,

tuyo es el hoy y el mañana, el pasado y el futuro.

Al terminar este año quiero darte gracias

por todo aquello que recibí de ti, con una oración de navidad.

Gracias por la vida y el amor, por las flores,

el aire y el sol, por la alegría y el dolor, por cuanto

fue posible y por lo que no pudo ser.

Te ofrezco cuanto hice en este año, el trabajo que

pude realizar y las cosas que pasaron por mis manos

y lo que con ellas pude construir.



Te presento a las personas que a lo largo de estos meses amé,

las amistades nuevas y los afectos más sinceros,

los más cercanos a mí y los que estén más lejos,

los que me dieron su mano y aquellos a los que pude ayudar,

con los que compartí la vida, el trabajo,

el dolor y la alegría, en esta oración de navidad.

Pero también, Señor hoy quiero pedirte perdón,

perdón por el tiempo perdido, por el dinero mal empleado,

por la palabra inútil y el amor desperdiciado.

En esta oración de Navidad quiero pedirte…

Perdón por las obras vacías y por el trabajo mal realizado,

y perdón por vivir sin entusiasmo .

También por la oración que poco a poco fui postergando,

y que hasta ahora vengo a poner en tu presencia.

Por todos mis olvidos, descuidos y silencios

nuevamente te pido perdón en esta oración de navidad.

En los próximos días iniciaremos un año nuevo,

y detengo mi vida ante el nuevo calendario

aún sin estrenar y te presento estos días con mi oración de navidad

que sólo TÚ sabes si llegaré a vivirlos…

Hoy te pido para mí y los míos la paz y la alegría,

la fuerza y la prudencia, la claridad, conciliación y la sabiduría;

Quiero vivir cada día del nuevo año con optimismo y bondad,

llevando a todas partes un corazón lleno

de comprensión y paz.

Cierra Señor, mis oídos a toda falsedad y mis labios

a la mentira, que no pronuncie yo palabras egoístas, mordaces o hirientes.

Abre en cambio mi ser a todo lo que es bueno

que mi espíritu sea lleno de toda bendición.

y que las emane a mi paso.

Con esta oración de navidad… Colmame de bondad y de alegría para que,

cuantos conviven conmigo o se acerquen a mí

encuentren en mi vida un poquito de tu dulce presencia

desde ahora y para siempre.

Danos un año feliz y enséñanos

a ser mejores cristianos cada día hasta encontrarnos en tu presencia.

Amén.

Patricia Núñez S., Teóloga PUC.



sábado, 30 de octubre de 2010

Jesús Quiere entrar en tu Vida.

JESÚS QUIERE ENTRAR A TU VIDA, A TU CASA, A TU INTIMIDAD.




Érase una vez un rey que mandó colocar una gran piedra en medio del camino.
El rey observaba a sus súbditos para ver si alguno la quitaba.
Los ricos comerciantes y los cortesanos, al verla, simplemente daban un gran rodeo y seguían su camino. Algunos criticaban al rey por no tener limpios los caminos.
Un día un campesino llegó con su carga al hombro, la dejó en el suelo y después de muchos intentos logró echar la piedra fuera del camino.
Cuando volvió a coger su carga vio una bolsa donde había estado la piedra. La bolsa contenía muchas monedas de oro y una carta del rey que decía que las monedas de oro eran para el que quitara la gran piedra. Y aprendió, aquel día, que cada obstáculo en el camino de la vida es una oportunidad para mejorar nuestra situación
La vida es una larga carrera de obstáculos. Hay personas que los evitan y hay otros que se enfrentan a ellos y encuentran su recompensa.
Hay cristianos que piensan que es Dios quien tiene que quitar los obstáculos de su camino y hay otros cristianos que simplemente piden a Dios el valor y la fuerza para enfrentarse y vencer los obstáculos de la vida.
Haga un repaso de su vida y haga una lista de los obstáculos que ha superado para llegar hasta aquí.

¿Y en la vida cristiana?

Vivimos en una sociedad del placer sin frenos, de los derechos sin obligaciones, del dinero sin trabajar, del divorcio sin firmas, del amor sin rostro…una sociedad cada día menos cristiana. Y en medio de ella tenemos que vivir en cristiano. Y ahí están los obstáculos que tenemos que superar. Y saben una cosa, esto no está nada fácil.

La enseñanza de la liturgia de estos domingos nos está regalando una palabra fantástica para transformarnos y enseñarnos a superar los obstáculos. El fariseo y el publicano.

Hoy, el evangelio de Zaqueo.
Jesús está en Jericó, cerca ya de Jerusalén. Es la última etapa del último viaje. Y Jesús tiene que enfrentarse al último obstáculo de su vida: la pasión y la cruz.Un obstáculo grande superado con un gran amor.

Y allí en Jericó sucedió algo que sucede todos los días desde entonces.
Jesús mira a Zaqueo y Zaqueo mira a Jesús. Es el encuentro, el flechazo, la casa abierta, la mesa compartida, la palabra escuchada, la conversión ansiada, la salvación ofrecida.
¿Saben cuál era la profesión de Zaqueo? Pecador. Pecador como el publicano del domingo pasado. Pecador con curiosidad por conocer a Jesús.
Quería ver a Jesús, ese hombre del que todos hablaban bien, que hacía signos maravillosos, que hablaba con autoridad, que era el nuevo profeta.
Zaqueo era de baja estatura. Primer obstáculo a superar: su limitación física.
¿Se imaginan un hombre de sesenta años subiendo a un árbol? Un poco difícil y ridículo pero como dice un feligrés: "el que quiere celeste que le cueste".
Y ahí está Zaqueo haciendo lo imposible por ver a Jesús, a un Jesús que no conoce, pero al que quiere conocer.
Jesús toma la iniciativa: "Zaqueo, baja porque quiero hospedarme en tu casa".
Y Jesús, el amigo de los que nadie ama, se hospeda en su casa y le da la salvación.
Los pecados de Zaqueo, el gran obstáculo para ver a Jesús, también han sido superados. Jesús derriba, limpia el pecado para poder encontrarnos con él.

Zaqueo fue un hombre con suerte. Y la aprovechó. Tuvo su oportunidad y la cogió al vuelo o en el árbol. Tuvo sus obstáculos físicos y morales y los superó. Fue obra de Dios, claro, pero él no se cerró a la acción de Dios. Quiso ver a Jesús y se dejó mirar por él. En esas miradas nació el amor.

Hoy, tenemos que hablar también de nosotros.

¿Saben que es una iglesia, una capilla, un templo?

Es una casa donde los pecadores se encuentran con Dios.

En nosotros hay un querer ver, conocer y mejorar que tiene que ser despertado.

¿Quién despertó la curiosidad en Zaqueo?

No lo duden, alguna persona de la ciudad.

¿Y a usted? ¿Quién va a despertar su curiosidad, su querer ver a Jesús?

La Palabra de Dios en este domingo 31 de Octubre 2010 :

"Hoy quiero hospedarme en tu casa".

El Señor está aquí, en nuestra casa, y te trae la salvación y el perdón de tus pecados y te da la fuerza para superar los obstáculos físicos y morales que te impiden verlo.
Hoy Jesús quiere entrar en tu casa, en tu vida, en tu intimidad. ¿Qué está sucia? ¿Qué está ocupada por otro? no importa. Ábrele la puerta. Él ha venido a entrar en la casa de los pecadores.
Zaqueo entregó el dinero robado.¿Y usted qué tiene que entregar?

                                                                    Patricia Núñez S. Teóloga PUC.

jueves, 14 de octubre de 2010

Estás en lo cierto!!!


                          BUSCA TU LUZ INTERIOR.
Estás en lo cierto. Tu intuición no se equivoca. El cansancio que
acusa tu cuerpo no es casual. El agotamiento es propio de las
instancias finales. La tensión y el malestar que te aprisionan son
también una clara señal de la proximidad de un nuevo despertar. Nada
debe amarrarte. Continúa sirviendo. Otras almas necesitan asistencia.
Inspíralas para que florezcan más corazones y se abran a la luz. Se
acerca la hora.
 
Te aliento porque sé que es necesario. No me ves, pero sientes mi
vibración a través de este mensaje. Sabes que caminamos juntos.
Somos eternos compañeros de ruta. A veces te preguntas qué estás
haciendo. Sabes que otros observan tus huellas y te preocupa
orientarlos hacia una senda equivocada. No temas. Quienes vienen
detrás no son ovejas. Son almas peregrinas que siguen, al igual que
nosotros, el curso cristalino de la frecuencia del amor.
 
La fe no es un invento. Sirve para atravesar esta dura etapa de
fatiga y desconcierto. Lo mismo sucede con la perseverancia y la
osadía, son herramientas que nos fueron brindadas para no desistir.
Cada paso que damos reafirma nuestra elección interna y nos eleva.
Iluminemos sin cesar. Otros sentirán el calor de nuestros espíritus
y sabrán que no están solos. Se animarán a continuar.
 
No hay nadie a quien convencer. No hay nada que demostrar. Nos
movemos siendo leales a nuestra naturaleza interna. Nos guía un
intenso sentir, que no se deja pisotear por la frialdad de la lógica.
Somos locos desde la perspectiva de la razón, pero cuerdos y
coherentes a los ojos del corazón. Elegimos volar. Anhelamos procrear
una sociedad consciente. Encarnamos la esperanza de un hombre más
humano, que viva celebrando.
 Es un hecho. No los dudes. Los cambios se están produciendo. Sólo falta que se revelen, en este plano más denso, con toda su grandeza.
Somos canales por donde fluyen energías sutiles. Mantente bien firme en la luz. Traje a este encuentro la voz de mi corazón, para que me sientas a tu lado.
Entrega tu corazón al Señor solo El puede darnos su Luz , pídele que te embriague con su Espíritu, vive para El, come para El, Ama para El, entrégale tu alma solo a El, recuerda la carne no sirve para poder entrar en su Reino.
            Lo material tampoco te servirá, para entrar a su Reino, límpiate de todo lo que haz hecho mal, reivindícate con el Señor, pídele perdón, y tu corazón tendrá Paz, Amor y mucha Luz, así tu podrás entrar en su Reino, No te olvides que cuándo llegue nuevamente Jesús de Nazaret, que ya es pronto casi no queda tiempo su Palabra profética  dice: “Uno será alzado y otro será dejado” (Apoc.) Amén. Patricia Núñez S. teóloga.

sábado, 25 de septiembre de 2010

ORACIÓN UN CREDO A LA MEDIDA DE LOS NUEVOS TIEMPOS, NO DOGMÁTICO.

                                                 
Hacemos juntos un acto de fe, un Credo no dogmático: decimos juntos que nos fiamos de Jesús, proclamamos que para nosotros Él tiene palabras de vida eterna:



Creo que son felices los que comparten,

los que viven con poco,

los que no viven esclavos de sus deseos.



Creo que son felices los que saben sufrir,

encuentran en Tí y en sus hermanos el consuelo

y saben dar consuelo a los que sufren.



Creo que son felices los que saben perdonar,

los que se dejan perdonar por sus hermanos,

los que viven con gozo tu perdón.



Creo que son felices los de corazón limpio,

los que ven lo mejor de los demás,

los que viven en sinceridad y en verdad.



Creo que son felices los que siembran la paz,

los que tratan a todos como a tus hijos,

los que siembran el respeto y la concordia.



Creo que son felices los que trabajan

por un mundo más justo y más santo,

y que son más felices

si tienen que sufrir por conseguirlo.



Creo que son felices los que no guardan en su granero

el trigo de esta vida que termina,

sino que lo siembran, sin medida,

para que dé fruto de Vida que no acaba.



Y creo todo esto porque creo

en Jesús de Nazaret, el Hijo,

el hombre lleno del Espíritu, Cristo Jesús, el Señor.
Con Cariño, Compartelo.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

SE PUEDE SERVIR A DIOS Y AL DINERO?????



Am 8, 4-7: Contra los que "compran por dinero al pobre"

Salmo: 112: Alaben al Señor, que alza al pobre.

1Tim 2, 1-8: Que se hagan oraciones a Dios, que quiere que todos se salven

Lc 16, 1-13: No se puede servir a Dios y al dinero.
El profeta Amós nos ubica en el contexto de la cuarta visión y su interpretación, que va contra los defraudadores y explotadores. El profeta, en todo su libro, nos presenta cinco visiones sobre el destino del pueblo de Israel (7, 1 – 9, 10). El mensaje de Amós estaba dirigido principalmente al reino del norte, Israel, pero también menciona a Judá (el reino del sur) y a las naciones vecinas de Israel (sus enemigas): Siria, Filistea, Tiro, Edom, Amón, Moab. La razón del juicio: la codicia de los ricos. Amós grita y denuncia: Escuchen esto los que pisotean al pobre y quieren arruinar a los humildes de la tierra (v. 4). El profeta, al hacer sus juicios y lanzar sus amenazas, da los motivos y hace las denuncias por las cuales serán castigados y corregidos. Denuncias contra las casas ostentosas, fruto de la opresión a los pobres y débiles. Y esto por no cumplir con la justicia en el trabajo y en el comercio. Engañan y roban en las balanzas fraudulentas, en los precios y salarios. También hay juicios contra un culto exterior que quiere encubrir toda esa injusticia con sacrificios, ofrendas y cantos, que así no son gratos a Dios. Al tema del fraude, tan presente en esta cuarta visión, le sigue el juramento divino y el castigo.

Pablo exhorta a que se ore por todo el mundo y de manera especial por los encargados de dirigir política y religiosamente al pueblo, porque la intención de Dios es salvar a todo el ser humano, y que estos lleguen al conocimiento pleno de la verdad. Esa verdad se nos fue revelada por su Hijo Jesús, donde Él mismo se presentó como el Camino, la Verdad y la Vida. Es la verdad que nos hará libre. Pablo coloca a Jesús como el único mediador entre Dios y el ser humano: porque hay un solo Dios y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús. Es la universalidad de Cristo en el acontecimiento salvífico de la humanidad, que con su muerte se entregó a sí mismo como rescate por todos.

Esta parábola –no siempre bien interpretada- va dirigida a los fariseos que son amigos del dinero, su verdadero Dios. Representa, como tantas otras, un caso extremo: un hombre que está a punto de ser despedido de su trabajo y que necesita actuar urgentemente para garantizarse el futuro, antes de quedarse sin empleo. Para ello plantea una estrategia. Acusado de derrochar los bienes de su amo (16,1), causa por la que se va a quedar sin trabajo, decide rebajar la cantidad de la deuda de cada uno de los acreedores de su amo, renunciando a la comisión que le pertenece como administrador. Es sabido que los administradores no recibían en Palestina un sueldo por su gestión, sino que vivían de la comisión que cobraban, poniendo con frecuencia intereses desorbitados a los acreedores. La actuación de administrador debe entenderse así: el que debía cien barriles de aceite había recibido prestados cincuenta nada más, los otros cincuenta eran la comisión correspondiente a la que el administrador renuncia con tal de granjearse amigos para el futuro. Renunciando a su comisión, el administrador no lesiona en nada los intereses de su amo. De ahí que el amo lo felicite por saber garantizarse el futuro dando el “injusto dinero” a sus acreedores.

El amo alaba la estrategia de aquel “administrador de lo injusto”, calificativo que se da en el evangelio de Lucas al dinero, pues, en cuanto acumulado, procede de injusticia o lleva a ella.

Para Lucas, todo dinero es injusto. Ahora bien: si uno lo usa –desprendiéndose de él- para "ganarse amigos", hace una buena inversión no en términos bursátiles, ni bancarios, sino en términos humanos cristianos. El injusto dinero, como encarnación de la escala de valores de la sociedad civil, sirve de piedra de toque para ensayar la disponibilidad del discípulo a poner al servicio de los demás lo que de hecho no es suyo, sino que se lo ha apropiado en detrimento de los desposeídos y marginados.

El “injusto dinero” es calificado en la conclusión de la parábola como "lo de nada" y "lo ajeno", en cuanto opuesto a "lo que vale de veras, lo importante, lo vuestro”. Y “lo que vale de veras” no es el don del dinero, sino el del Espíritu de Dios que comunica vida a los suyos (“cuánto más el Padre del cielo dará Espíritu Santo a los que se lo piden”,. Lc 11,13). Eso sí, para recibir el Espíritu (que es comunicación de la vida de Dios que potencia al hombre) se requiere el desprendimiento y la generosidad hacia los demás (11,34-36).La parábola termina con esta frase lapidaria: “No pueden servir a Dios y al dinero”. La piedra de toque de nuestro amor a Dios es la renuncia al dinero. El amor al dinero es una idolatría. Hay que optar entre dos señores: no hay término medio. El campo de entrenamiento de esta opción es el mundo, la sociedad, donde los discípulos de Jesús tienen que compartir lo que poseen con los que no lo tienen, con los oprimidos y desposeídos, los desheredados de la tierra.

El afán de dinero es la frontera que divide el mundo en dos; es la barrera que nos separa de los otros y hace que el mundo esté organizado en clases antagónicas: ricos y pobres, opresores y oprimidos; el ansia de dinero es el enemigo número uno que imposibilita que el mundo sea una familia unida donde todos se sienten a la mesa de la vida. Por eso el discípulo, para garantizarse el futuro, debe estar dispuesto en el presente a renunciar al dinero que lleva a la injusticia y hace imposible la fraternidad.

Para la revisión de vida

El mensaje de Jesús es claro: “no podemos servir a Dios y al dinero”. ¿De qué lado me coloco yo? ¿Cómo vivo personalmente mi relación con los bienes temporales? ¿Me esclavizan? ¿Trato de contemporizar y servir a los dos?

El neoliberalismo es, confesadamente, un sistema que pone el crecimiento económico (la creación de riqueza) por encima de todo lo demás, como valor supremo, como el dios real. ¿Se puede ser cristiano en un mundo neoliberal? ¿Cómo? ¿A qué precio? ¿Con qué condiciones?

- En esta situación de pobreza y de exclusión, ¿somos una comunidad que está al servicio del Dios de la Vida, alentándola, acogiéndola, favoreciéndola, agradeciéndola?Ojala podamos contestar estas preguntas, Patricia.



sábado, 14 de agosto de 2010

SEGUIDORA FIEL DE JESÚS




Los evangelistas presentan a la Virgen con rasgos que pueden reavivar nuestra devoción a María, la Madre de Jesús. Su visión nos ayuda a amarla, meditarla, imitarla, rezarla y confiar en ella con espíritu nuevo y más evangélico.
María es la gran creyente. La primera seguidora de Jesús. La mujer que sabe meditar en su corazón los hechos y las palabras de su Hijo. La profetisa que canta al Dios, salvador de los pobres, anunciado por él. La madre fiel que permanece junto a su Hijo perseguido, condenado y ejecutado en la cruz. Testigo de Cristo resucitado, que acoge junto a los discípulos al Espíritu que acompañará siempre a la Iglesia de Jesús.
Lucas, por su parte, nos invita a hacer nuestro el canto de María, para dejarnos guiar por su espíritu hacia Jesús, pues en el "Magníficat" brilla en todo su esplendor la fe de María y su identificación maternal con su Hijo Jesús.
María comienza proclamando la grandeza de Dios: «mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava». María es feliz porque Dios ha puesto su mirada en su pequeñez. Así es Dios con los sencillos. María lo canta con el mismo gozo con que bendice Jesús al Padre, porque se oculta a «sabios y entendidos» y se revela a «los sencillos». La fe de María en el Dios de los pequeños nos hace sintonizar con Jesús.
María proclama al Dios «Poderoso» porque «su misericordia llega a sus fieles de generación en generación». Dios pone su poder al servicio de la compasión. Su misericordia acompaña a todas las generaciones. Lo mismo predica Jesús: Dios es misericordioso con todos. Por eso dice a sus discípulos de todos los tiempos: «sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso». Desde su corazón de madre, María capta como nadie la ternura de Dios Padre y Madre, y nos introduce en el núcleo del mensaje de Jesús: Dios es amor compasivo.
María proclama también al Dios de los pobres porque «derriba del trono a los poderosos» y los deja sin poder para seguir oprimiendo; por el contrario, «enaltece a los humildes» para que recobren su dignidad. A los ricos les reclama lo robado a los pobres y «los despide vacíos»; por el contrario, a los hambrientos «los colma de bienes» para que disfruten de una vida más humana. Lo mismo gritaba Jesús: «los últimos serán los primeros». María nos lleva a acoger la Buena Noticia de Jesús: Dios es de los pobres.
María nos enseña como nadie a seguir a Jesús, anunciando al Dios de la compasión, trabajando por un mundo más fraterno y confiando en el Padre de los pequeños.





viernes, 6 de agosto de 2010

LA VENIDA DEL SEÑOR


      LA VENIDA DEL SEÑOR ES INMINENTE.
Tened el delantal puesto y encendidos los candiles: pareceos a los que aguardan a que su amo vuelva de la boda para, cuando llegue, abrirle en cuanto llamé. Dichosos esos criados si el amo, al llegar, los encuentra en vela... » (Lc 12,32ss).

La venida, la visita de Jesús, el amo, a la comunidad cristiana, una comunidad de siervos o servidores, pues no se puede ser cristiano si no se es servidor de los demás, se efectúa en dos momentos: uno, en la eucaristía, en la que Jesús se hace presente en medio de la comunidad por la palabra y por la fracción del pan; otro, en la persecución y en la muerte de cada uno.

Para estos dos encuentros, el cristiano debe estar en vela. Y para estar en vela, dos son las actitudes básicas del discípulo de Jesús:

- Primera: renunciar a los bienes de la tierra: «Vended vuestros bienes y dadlos en limosnas.» Tal vez la fórmula 'vender y dar' no sea hoy en nuestra sociedad la más eficaz. Hoy habría que hablar de invertir en crear puestos de trabajo, en hacer partícipe al obrero de la ganancia de la empresa u otras fórmulas similares. Pero el espíritu de dicho mandato evangélico es claro: ser solidarios, compartir, hacer partícipes a los demás de los bienes que llamamos 'propios'; ser misericorde, compasivos, justos.

- Segunda: ejercer de servidores, pues la esencia del cristianismo es el servicio incondicional al prójimo hasta la muerte. «Conque, ¿dónde está ese administrador fiel y cuidadoso a quien el amo va a encargar de repartir a los sirvientes la ración a sus horas? Dichoso el tal empleado si el amo, al llegar, lo encuentra cumpliendo con su obligación. Os aseguro que le confiará la administración de todos sus bienes. Pero si el tal empleado, pensando que su amo tardará, empieza a maltratar a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, el día que menos se lo espera, y a la hora que no ha previsto, llegará el amo y lo pondrá en la calle, mandándolo adonde se manda a los que no son fieles» (Lc 12,42-47).

De lo que llamamos 'nuestro' somos meros administradores, no propietarios; y como administradores debemos servir sin abusos ni egoísmos; cuanto más elevados estemos en el escalafón social, más exigente será el servicio que debamos prestar. Sólo así estaremos preparados para la vuelta del amo de la boda, imagen del reino definitivo, que se anticipa cada vez que celebramos la eucaristía. Hablando de lo que es la iluminación, Anthony de Mello dice lo siguiente: “Es como un vagabundo de Londres que se estaba acomodando para pasar la noche. A duras penas había conseguido un pedazo de pan para comer. Entonces llegó a un malecón, junto al río Támesis. Estaba lloviznando, y se envolvió en su viejo abrigo. Ya iba a dormirse cuando de repente se acercó un Rolls-Royce manejado por un conductor. Una hermosa joven descendió del automóvil y le dijo: – Mi pobre hombre, ¿va a pasar la noche en este malecón? – Sí – le contestó el vagabundo. – No lo permitiré – le dijo ella –. Usted se viene conmigo a mi casa y va a pasar la noche cómodamente y a tomar una buena cena. La joven insistió en que subiera al automóvil. Bien, salieron de Londres, y llegaron a un lugar en donde ella tenía una gran mansión con amplios jardines. Los recibió el mayordomo, a quien la joven le dijo: “Jaime, cerciórese de que a este hombre lo lleven a las habitaciones de los sirvientes y lo traten bien”. Y Jaime obró como le dijo ella. La joven se había preparado para dormir y estaba a punto de acostarse cuando recordó a su huésped. Entonces se puso algo encima y fue hasta las habitaciones de los sirvientes. Vio una rendija de luz en la habitación en la que acomodaron al vagabundo. Llamó suavemente a la puerta, la cual abrió, y encontró al hombre despierto. Le dijo: – ¿Qué sucede, buen hombre, no le dieron una buena cena? – Nunca había comido tan bien en mi vida, señora – le contestó el vagabundo. – ¿Está usted bien caliente? – Sí, la cama es hermosa y está tibia. – Tal vez usted necesita compañía – le dice ella –. Córrase un poquito. Se le acercó, y él se movió hacia un lado, y cayó directo al Támesis...

Eso es la iluminación. Estar despiertos. Vivimos muchas veces sumidos en nuestros sueños y olvidamos la bella y cruda realidad. Quisiéramos que las cosas fueran distintas, que los problemas no existieran, que los conflictos se resolvieran de una vez y para siempre. Pero este tipo de vida hace que no seamos capaces de reconocer el paso de Dios por nuestras vidas. Por esto hay que mantenerse despiertos. Esto es lo que quería decir el Señor cuando le dice a sus discípulos: “Sean como criados que están esperando a que su amo regrese de un banquete de bodas, preparados y con las lámparas encendidas, listos para abrirle la puerta tan pronto como llegue y toque. Dichosos los criados a quienes su amo, al llegar, encuentre despiertos. Les aseguro que el amo mismo los hará sentarse a la mesa y se dispondrá a servirles la comida. Dichosos ellos, si los encuentra despiertos aunque llegue a la medianoche o de madrugada”.

No sabemos ni el día ni la hora. Con frecuencia el Señor nos sorprende. “Si el dueño de una casa supiera a qué hora va a llegar el ladrón, no dejaría que nadie se metiera en su casa a robar. Ustedes también estén preparados; porque el Hijo del hombre vendrá cuando menos lo esperan”. El Señor nos invita a estar preparados para saber descubrir las señales de su presencia que todos los días nos rayan la pupila de tanto mirarlas. Y todavía preguntamos, ¿dónde está el Señor? ¿Cómo descubrirlo? ¿Cómo sentir su presencia? Por estar soñando, no vemos lo evidente. Pidamos al Señor que nos regale la gracia de permanecer despiertos, que no vivamos anestesiados y adormilados ante la vida. No sea que nos suceda lo que le sucedió al mendigo, que por estar cómodamente viviendo en nuestros sueños, caigamos directamente al Támesis...
Con Cariño, Patricia.
Tened el delantal puesto y encendidos los candiles: pareceos a los que aguardan a que su amo vuelva de la boda para, cuando llegue, abrirle en cuanto llamé. Dichosos esos criados si el amo, al llegar, los encuentra en vela... » (Lc 12,32ss).

La venida, la visita de Jesús, el amo, a la comunidad cristiana, una comunidad de siervos o servidores, pues no se puede ser cristiano si no se es servidor de los demás, se efectúa en dos momentos: uno, en la eucaristía, en la que Jesús se hace presente en medio de la comunidad por la palabra y por la fracción del pan; otro, en la persecución y en la muerte de cada uno.

Para estos dos encuentros, el cristiano debe estar en vela. Y para estar en vela, dos son las actitudes básicas del discípulo de Jesús:

- Primera: renunciar a los bienes de la tierra: «Vended vuestros bienes y dadlos en limosnas.» Tal vez la fórmula 'vender y dar' no sea hoy en nuestra sociedad la más eficaz. Hoy habría que hablar de invertir en crear puestos de trabajo, en hacer partícipe al obrero de la ganancia de la empresa u otras fórmulas similares. Pero el espíritu de dicho mandato evangélico es claro: ser solidarios, compartir, hacer partícipes a los demás de los bienes que llamamos 'propios'; ser misericorde, compasivos, justos.

- Segunda: ejercer de servidores, pues la esencia del cristianismo es el servicio incondicional al prójimo hasta la muerte. «Conque, ¿dónde está ese administrador fiel y cuidadoso a quien el amo va a encargar de repartir a los sirvientes la ración a sus horas? Dichoso el tal empleado si el amo, al llegar, lo encuentra cumpliendo con su obligación. Os aseguro que le confiará la administración de todos sus bienes. Pero si el tal empleado, pensando que su amo tardará, empieza a maltratar a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, el día que menos se lo espera, y a la hora que no ha previsto, llegará el amo y lo pondrá en la calle, mandándolo adonde se manda a los que no son fieles» (Lc 12,42-47).

De lo que llamamos 'nuestro' somos meros administradores, no propietarios; y como administradores debemos servir sin abusos ni egoísmos; cuanto más elevados estemos en el escalafón social, más exigente será el servicio que debamos prestar. Sólo así estaremos preparados para la vuelta del amo de la boda, imagen del reino definitivo, que se anticipa cada vez que celebramos la eucaristía. Hablando de lo que es la iluminación, Anthony de Mello dice lo siguiente: “Es como un vagabundo de Londres que se estaba acomodando para pasar la noche. A duras penas había conseguido un pedazo de pan para comer. Entonces llegó a un malecón, junto al río Támesis. Estaba lloviznando, y se envolvió en su viejo abrigo. Ya iba a dormirse cuando de repente se acercó un Rolls-Royce manejado por un conductor. Una hermosa joven descendió del automóvil y le dijo: – Mi pobre hombre, ¿va a pasar la noche en este malecón? – Sí – le contestó el vagabundo. – No lo permitiré – le dijo ella –. Usted se viene conmigo a mi casa y va a pasar la noche cómodamente y a tomar una buena cena. La joven insistió en que subiera al automóvil. Bien, salieron de Londres, y llegaron a un lugar en donde ella tenía una gran mansión con amplios jardines. Los recibió el mayordomo, a quien la joven le dijo: “Jaime, cerciórese de que a este hombre lo lleven a las habitaciones de los sirvientes y lo traten bien”. Y Jaime obró como le dijo ella. La joven se había preparado para dormir y estaba a punto de acostarse cuando recordó a su huésped. Entonces se puso algo encima y fue hasta las habitaciones de los sirvientes. Vio una rendija de luz en la habitación en la que acomodaron al vagabundo. Llamó suavemente a la puerta, la cual abrió, y encontró al hombre despierto. Le dijo: – ¿Qué sucede, buen hombre, no le dieron una buena cena? – Nunca había comido tan bien en mi vida, señora – le contestó el vagabundo. – ¿Está usted bien caliente? – Sí, la cama es hermosa y está tibia. – Tal vez usted necesita compañía – le dice ella –. Córrase un poquito. Se le acercó, y él se movió hacia un lado, y cayó directo al Támesis...

Eso es la iluminación. Estar despiertos. Vivimos muchas veces sumidos en nuestros sueños y olvidamos la bella y cruda realidad. Quisiéramos que las cosas fueran distintas, que los problemas no existieran, que los conflictos se resolvieran de una vez y para siempre. Pero este tipo de vida hace que no seamos capaces de reconocer el paso de Dios por nuestras vidas. Por esto hay que mantenerse despiertos. Esto es lo que quería decir el Señor cuando le dice a sus discípulos: “Sean como criados que están esperando a que su amo regrese de un banquete de bodas, preparados y con las lámparas encendidas, listos para abrirle la puerta tan pronto como llegue y toque. Dichosos los criados a quienes su amo, al llegar, encuentre despiertos. Les aseguro que el amo mismo los hará sentarse a la mesa y se dispondrá a servirles la comida. Dichosos ellos, si los encuentra despiertos aunque llegue a la medianoche o de madrugada”.

No sabemos ni el día ni la hora. Con frecuencia el Señor nos sorprende. “Si el dueño de una casa supiera a qué hora va a llegar el ladrón, no dejaría que nadie se metiera en su casa a robar. Ustedes también estén preparados; porque el Hijo del hombre vendrá cuando menos lo esperan”. El Señor nos invita a estar preparados para saber descubrir las señales de su presencia que todos los días nos rayan la pupila de tanto mirarlas. Y todavía preguntamos, ¿dónde está el Señor? ¿Cómo descubrirlo? ¿Cómo sentir su presencia? Por estar soñando, no vemos lo evidente. Pidamos al Señor que nos regale la gracia de permanecer despiertos, que no vivamos anestesiados y adormilados ante la vida. No sea que nos suceda lo que le sucedió al mendigo, que por estar cómodamente viviendo en nuestros sueños, caigamos directamente al Támesis...
Con Cariño, Patricia.